sábado, 16 de enero de 2010

Amanecer de invierno


Al tranco de la baya, como todas las mañanas, el gringo pegaba la recorrida. Nunca por el mismo lugar, pa que nada quedara sin ver. Siempre en silencio, no para escuchar nada, sino para pensar tranquilo. Apenas el tintineo del freno y algun tero llena bola, rompían la quietud de la mañana.