En sus manos tenía todavía, las marcas de la cosecha. Las cuerdas de las redes, se le ganaban en las grietas de los dedos, cortados, rotos, dolidos. La zafra en el norte, le había pasado factura y ahora, con revancha. El Elbio, su tío, hacia como dos años que la había dicho, "cuando termines la caña, vení a tirarle al dorado". Ni de guri, había subido en una chalana, pero confiado en el viejo, ahí estaba, aprendiendo.