Ahi estaba... relajado... las manos sosteniendo la nuca, como dicen los mejicanos, recostado en la tumbona(reposera, para los yorugua), inflaba el pecho y el aire bahiano penetraba tibio para oxigenar la sangre, para deleitar el alma, y como una afinada orquesta, las palmera y las olas, ejecutaban una delicada melodía.