Todas las noches duerme sobre nuestra cama, a veces, hasta la cobijamos. Toma leche tibia en su tacita y come alimento balanceado, visita el veterinario una vez al mes y vive comodamente en nuestra casa, con todo el amor que le damos. Pero su felinidad está a flor de piel y cada tanto necesita salir a la nada, acechar y cazar, aunque sea a un cascarudo.