martes, 26 de abril de 2011

Paciencia

De esas cosas que tiene la vida y que uno no entiende, hasta que un buen día, cuando atando cabos, se da cuenta que todo tenía demasiado sentido y que por algo son las cosas como son.
Alcancé a conocer a mi bisabuela "Cata", que como toda viejita... era muy sabia.
Cuando niño, mis padres tenían como norma, llevarnos de tardecita a visitar, a los abuelos, primero a los paternos y después a los maternos, para que la vuelta saliera redonda.
La "Catita" vivía con mis abuelos paternos, siempre sentada en una antigua mecedora, apoyando sus 92 años en un cuerpo delgado, lleno de vida, lleno de fé.
Cada vez que llegábamos a la casa, la abuela, con lenta ternura ponía sus manos en nuestras mejillas jovenes y nos daba un beso en la frente, pero antes de dejarnos ir, apoyaba el rosario en nuestra cabeza.
Ese gesto se repetía día a día, y a nosotros nos gustaba mucho, sentíamos algo muy especial por la abuela Cata.
Un buen día, un poco antes de su muerte, la abuela me llamó a su dormitorio, y me hizo uno de los regalos mas extraños que recibí en mi vida.
_Este es el Cristo de la Paciencia, y es para vos, cuando yo muera quiero que te lo lleves y siempre lo tengas junto a tu cama. Yo tenía unos 10 años, y no entendía nada, solo que estaba recibiendo un regalo, una estatuita de unos 20 centímetros, de un Jesús sentado en una piedra, que nunca había visto.
Así pasó... y desde la muerte de la abuela Cata siempre ha estado conmigo. A veces le he rezado, a veces lo he acusado de hacerme demasiado "miedioso" o "inoperante"; a veces le agradezco por evitarme varias metidas de pata, pero siempre... como pidió la abuela Cata... El Cristo de la Paciencia está conmigo.
Mi propia definición de paciencia, la que he descubierto con el paso del tiempo, es que "Paciencia es la ciencia de tener Paz", y vaya si he necesitado estar en paz y vaya si no lo he conseguido tantas veces.