Formaba parte de la masa abultada de gente que se quiere poco, que se cree menos; preocupado por nada... ahí estaba... todos los días, igual.
Portero por herencia, chusma por añadidura; en el barrio nadie sabía mas de todos, que él. Pero de él, nadie sabía nada.
Un sábado, de esos que en Montevideo no queda nadie, bien temprano lo escuché. Parado en su lugar de la vereda, miraba como siempre a nada y cantaba. Ni a Lennon le había escuchado cantar yesterday, con esa dulzura. La trémula voz cotidiana de portero había desaparecido y el aire de la mañana, se llenaba de música. Despertaba otro hombre, un carácter abrumador, lleno de personalidad, que hasta su sombra podía percibir.
