Aquella casa, la que el abuelo que llegó de Italia levantó con sus propias manos, con su propio esfuerzo, con todas sus ganas de mejorar, con su impetu transformador, ahora es patrimonio.
Somos nietos de una generación de abuelos progresisitas, de viejos "testarudos y metedores", locos de ganas de crecer.
Pero somos hijos de coleccionadores de cosas viejas, estancados y conformistas.