Todos nos creemos que las ideas que se nos ocurren, siempre son grandes ideas, nos sabemos audaces emprendedores, creadores de recetas, de tragos, de juegos, de jugadas, de excusas. Pero independientemente de para que nos consideremos buenos, o muy buenos, siempre necesitamos de un abrojo.
Ese amigo que basta llamarlo o invitarlo, siempre se prende.
