Uno de los ámbitos de liberación de la impotencia son los asados, los asados de hombres, entre amigos.
Desde el comienzo al final de la reunión todos pugnan por relatar la mejor historia de alcoba, que por supuesto es una vivencia personal, y bastante reciente, cada uno brega por conseguir la atención del resto, contando detalles sutiles, cuantificando orgasmos o sumando mas mujeres a la fiesta pirata.
Existe una curiosa coincidencia entres los hombres que participan de un asado; los cuentos de alcohol, siempre tienen a otro como protagonista, el que cuenta nunca se “chispeó” siquiera, no, pero el otro “terminó liquidado”, “como toma el fulano”, “no lo podíamos parar che”.
Sin embargo la noche, el alcohol y las mujeres no son el único contenido.
Siempre aparecen las anécdotas de la infancia o los cuentos de adolescencia. Y en esta época de la vida todos eran “ te - rri -bles”, en la rueda del asado, se suceden los relatos de travesuras propias de una película de Disney, “que conectamos esto” y “armamos lo otro”, “rompimos tal cosa”, obviamente, acá el protagonista es quien relata.
“no sabés lo que me pasó cuando era gurí”
Existe otro infaltable tópico de asados, que también ubica el relato en primera persona singular. Las grescas.
Todos son malos y... cómo pegan!!
“le rompí la boca” “lo cacé del cuello y le dí” bla, bla, bla
En cada cuento no solo se dan lujo de detalle de lo sucedido, sino que aquí aparecen las dotes actorales del narrador, ademanes, saltos, esquivos, la perfecta reconstrucción de los hechos. Y como en los westerns, siempre gana el mismo.