jueves, 21 de abril de 2011

Lugar

Han pasado varios años ya, pero aun es raro entrar y no encontrarla a contraluz . Desde que era mas pequeño que su silla, yo la veía ahí, sentada, inmóbil, silenciosa. Casi 20 veinte años vivió así, semiparalizada, sin habla, apenas conciente. Su vida era casi nada, pero era un martirio para casi todos. Nada cambiaba si le saludabamos o no, si le tocabamos o no. Sus ojos, que aun veían, ya no miraban.
Pero la tía, su hija, todos los días, hasta que se fué, igual le hablaba, igual la tocaba y igual la amaba... mucho mas.